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Invitación al diálogo: acerca de las cartillas de educación sexual y el tema de la inclusión, en el contexto colombiano

INVITACIÓN AL DIÁLOGO: ACERCA DE LAS CARTILLAS DE EDUCACIÓN SEXUAL Y EL TEMA DE LA INCLUSIÓN, EN EL CONTEXTO COLOMBIANO

Por: Verónica Naranjo Quintero

 

Actualmente en Colombia se debaten muchos temas, todos importantes para el desarrollo y futuro del país, uno de estos fue la iniciativa de incorporar cartillas en la educación escolar, que promovieran los géneros e identidades sexuales. Lo anterior generó que las Instituciones Educativas en Colombia revisaran y actualizaran los manuales de convivencia, con la intención de integrar los planteamientos que se venían presentando, en torno al tema de la educación sexual en la formación escolar. De allí, que surjan muchos interrogantes, entre ellos: el trato al individuo, el lenguaje diferenciador, la protección de la identidad de cada persona. Tal cual, como lo dispone el Decreto 1965, las Instituciones Educativas están llamadas a la reflexión sobre la incorporación y mitigación en materia de sexualidad y violencia escolar.

Lo cierto es que la cartilla generó muchos debates y hasta el momento hay malestar en las personas, comunidades educativas y el pueblo colombiano. La discrepancia se presentó por las diversas posturas que existen, algunos opinaron que es importante hablar en la educación sexual de los diferentes géneros, otros manifestaron que es un asunto del cual no es necesario hablar abiertamente. También es de resaltar que la cartilla presentaba los siguientes temas: qué se debe entender por género, expresiones de género y orientación sexual. Y desde allí cómo los comités escolares y los manuales de convivencia debían ser actualizados para incluir éstas orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas. En esta discusión no se puede olvidar el suicidio de Sergio Urrego, pues este hecho fue fundamental para que se comenzara la revisión de los manuales de convivencia a partir de 34 preguntas. En este sentido, este argumento no busca tomar una postura ética respecto al tema, pero sí hacer una invitación a un mejor diálogo que permita cuidar los valores de la familia (por ello marcharon diferentes grupos religiosos y padres de familia con el emblema, “a mis hijos los educo yo”), pero también, no olvidar la indiferencia que se vive ante el dolor del otro, caso concreto fue el suicidio del estudiante Urrego. 

Lo anterior sustenta un poco porque este tema se convirtió en una división, no sólo para un sector político, sino para el campo educativo, quedando el diálogo nulo al momento de exponer su pensamiento, ya que no hay escucha ni aceptación para el que piensa diferente, aunque este tenga buenas ideas. Por lo cual, la falacia se presenta cuando el otro opina lo que no va con el interlocutor ¿Pero acaso es posible hablar de inclusión, sin diálogo? El pedagogo Paulo Freire, aludió que el diálogo posibilita una liberación y en este caso, la inclusión, probablemente no tendrá que definirse en las prácticas educativas, pero sí en el reconocimiento del valor intrínseco de cada sujeto. 

Este es un tema que en algún momento podrá estar nuevamente latente, no se puede olvidar que los diferentes decretos que antepusieron la cartilla, buscaban ayudar a generar un mejor ambiente escolar que contribuyeran al aprendizaje y convivencia de toda la comunidad académica, además de generar estrategias para responder al matoneo que se vive en la escuela. Si se volviera a presentar, es relevante que los agentes implicados, entre ellos, la escuela y la familia, piensen en cómo abordar estas situaciones y asuman los cambios acordes con la época en que vivimos, sin olvidar sus valores, pero al mismo tiempo respetando a las personas y siendo incluyentes en su manera de percibir y acoger al otro, siendo esto lo más importante en el tema de identidad sexual, es decir, la manera de ver y acoger al otro es la mirada alterna que cualquier persona independiente de su condición necesita. 

 

Para concluir, acoger al otro no es asunto de diferencias, al contrario es un asunto de escucha auténtica que edifique a la persona, acto en el que no hay interés de dominar al otro, sino posibilidad de crear, construir un mundo justo y equitativo con el que me interpela. En donde la inclusión sea garante, independiente de lo que cada uno sea, allí no importará imponer modelos u estereotipos, pues no son los modelos los que cuentan con el valor humano, es el otro que siempre va a ser relevante en cualquier proceso de transformación. 

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