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Fundamentos de la vida cristiana

FUNDAMENTOS DE LA VIDA CRISTIANA

Por: Jonathan Andrés Rúa Penagos

  

Introducción

 

La pregunta que orienta esta reflexión es ¿cuáles elementos fundamentan la vida cristiana? Cuando nos preguntamos por los fundamentos de algo estamos haciendo referencia a cualidades que lo sustentan. En el caso de la vida cristiana, lo esencial tiene que ver con un modo de ser específico, determinado por la vida y obra de Jesús de Nazaret, que hace distinguir al cristianismo de otras religiones y experiencias espirituales. Este texto evidenciará qué es la trascendencia; cómo se relaciona la cultura y la religión; y, de qué manera el cristianismo gira alrededor de una experiencia trinitaria.

 

La trascendencia de los humanos

 

El ser humano es apertura al ser en general (Rahner, 1979). Esto indica que va más allá de sí mismo y se dirige hacia el Misterio Sagrado; esto es, aquello que cohesiona su vida y la llena de sentido, por medio de una experiencia radical del amor y la justicia. El Misterio Sagrado, en un sentido teleológico, tiene que ver con la búsqueda de una mirada eterna que lo contempla y lo acaricia en los momentos de angustia y sufrimiento. Esta experiencia, para seguir en los términos de Rahner, está caracterizada por la libertad, en la media en que el hombre puede hacerse responsable de sus actos, y por la historicidad, porque se da en un contexto determinado, a partir de lo fáctico y concreto. Podríamos decir, entonces, que la experiencia trascendental se vive en la cultura.

 

La cultura y la religión

 

La palabra cultura proviene del latín colere que significa cultivar, cuidar. Ella posee un sin número de sentidos; el más general tiene que ver con “la creación y realización de valores, normas y bienes materiales por el ser humano” (Sobrevilla, 1998, pág. 15). El Concilio Vaticano II la define como:

Todo aquello con lo que el hombre afina o desarrolla, en formas variadísimas, las facultades de su espíritu y de su cuerpo, con las que pretende someter a su dominio, con el conocimiento y el trabajo, incluso la orbe terrestre; logra hacer más humana mediante el progreso de costumbres e instituciones, la vida social, tanto en lo familiar como en todo el mecanismo civil; y, finalmente, consigue expresar, comunicar y conservar profundas experiencias y ambiciones espirituales en sus obras a lo largo de los tiempos, que puedan servir luego al beneficio de los demás, mejor dicho, de todo el género humano. (GS, 53)

 

La religión como componente de la cultura

 

La religión hace parte de la cultura y uno de sus objetivos es desarrollar al ser humano de manera integral a partir de sus costumbres y acciones. Ella posee elementos como ritos, doctrinas y modos de ser específicos que están vinculados con la trascendencia humana. Esto indica que la experiencia de trascendencia se explicita y se institucionaliza al ser experimentada; todos viven una experiencia similar con sentires y pensares que dinamizan la vida en común.

Los fenómenos religiosos son investigados por la antropología general (Harris, 1995), la antropología cultural, la fenomenología de la religión y la teología. Los estudiosos del tema muestran cómo desde los orígenes del ser humano una de las características de la especie es el sentir religioso. Esto se evidencia, por ejemplo, en los ritos funerarios en donde los entierros, los objetos que acompañan a los muertos y la esperanza de la vida que conservan los que viven, dan indicios de estructuras religiosas.

Son religiones, entre otras, el islamismo, el budismo, el taoísmo, el hinduismo y el cristianismo. Cada una de ellas manifiesta una forma específica de trascender. La gran mayoría están fundadas en experiencias de personas ejemplares que se convierten, por su estilo de vida, en modelos a seguir. Son valores promovidos por ellas la fraternidad, la paz, el amor, la justicia y el bien común. Y esto no es extraño, pues la experiencia trascendental humana, que se fundamenta en la divinidad, está orientada hacia esos valores que se expresan culturalmente.

 

El cristianismo como religión fundamentada en Jesús de Nazaret.

 

La trascendencia expresada en la cultura judía, vivida de manera especial en Jesús de Nazaret, es lo que llamamos comúnmente religión cristiana. La vida cristiana, y esto es necesario decirlo de entrada, se fundamenta en una persona y no en una doctrina, como ya lo dijera el Papa Benedicto XVI en su encíclica Deus Caritas Est. La persona de Jesús es el fundamento del cristianismo.

El cristiano es seducido por lo que Jesús hizo, a saber, bautizar, proclamar la Buena Nueva, llamar a una vida más digna, enseñar Palabras de Vida, levantar tullidos, curar enfermos, expulsar demonios, orar al Padre, perdonar a los pecadores, comer con los impuros, limpiar a quienes están sucios, imponer las manos y liberar, consolar, dar la vida por todos, ser misioneros, descansar en los momentos de fatiga, compartir el pan con quienes están hambrientos, caminar sobre las aguas y cuidar la naturaleza, librar del temor a los angustiados, abrir los oídos a los sordos y desatar las lenguas de los mudos. Las acciones anteriores estaban sustentadas en una opción de vida, en cuya centralidad estaba el anuncio de que Dios se hace presente en la vida de los hombres, Él reina, es decir, sostiene y hace posible la vida.

La vida del Nazareno, hombre divino del siglo I, sencillo, carpintero humilde y predicador itinerante, generó una dinámica humanizadora que facilitó que sus palabras y acciones permanecieran hasta ahora. La esencia del cristianismo, en este contexto, tiene que ver con la fe en un solo Dios, que es cercano, liberador de la esclavitud y dignificante; con la fe en Jesús, el Ungido, que padeció, murió y fue resucitado de entre los muertos, al que Dios le hizo justicia; y con la fe en el Espíritu, como fuerza y amor de Dios presente en el mundo y en cada ser (Küng, 1996).

El cristiano opta por vivir al estilo de Jesús porque experimenta a Dios en su vida cotidiana de una manera intensa, quien lo invita a evidenciar la justicia, a obrar conforme a ese Espíritu de Vida, a hacerse cercano a los pobres, los excluidos, los maltratados y humillados.

 

Conclusión

De todo lo dicho, se concluye que el ser humano tiene la posibilidad de trascender; fenómeno que ocurre en una cultura y contexto particular, y que hace que se institucionalicen unas prácticas religiosas. Para el caso del cristianismo, es la vida y obra de Jesús la que articula la experiencia de Dios en un espíritu de misericordia que acompaña a toda la creación, en especial a los pobres. Es tarea de todos los cristianos permanecer en la opción de Jesús y materializar en el día a día la justicia dada por Dios en su reinado.

 

Referencias

Benedicto XVI. (2005). Carta encíclica Deus Caritas Est. Roma: Libreria Editrice Vaticana.

Concilio Vaticano II. (1965e). Constituição Pastoral Gaudium et Spes. Vaticano: Libreria Editrice Vaticana.

Harris, M. (1995). Introducción a la antropología general. Madrid: Alianza Editorial.

Küng, H. (2006). El cristianismo. Esencia e historia (4 ed.). Madrid: Trotta.

Küng, H. (1996). Ser cristiano. Madrid: Trotta.

Rahner, K. (1979). Curso fundamental sobre la fe. Barcelona: Herder.

Sobrevilla, D. (1998). Filosofía de la cultura. Madrid: Trotta.

 

 

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