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La ética y la seriedad

LA ÉTICA Y LA SERIEDAD

 

Por: Carlos Alberto Gómez Fajardo

 

No se puede ir por ahí calificando o descalificando, a la ligera, en cuestiones relacionadas con la ética. El discernimiento racional sobre lo bueno o malo de una acción humana libre, de la condición de virtud o vicio que acompaña a la ejecución de un acto, no es cuestión baladí. Tampoco es simple cuestión del parecer o de la utilidad que en determinada circunstancia alguien estime sobre las consecuencias del acto analizado. Determinar el vicio o virtud exige un sólido y ordenado proceso de razonamiento.

En un breve ensayo el profesor José Luis del Barco –memorable escrito además por su pureza de estilo y por el magnífico dominio del idioma que lo caracteriza, con precisas y oportunas metáforas, se refería a la seriedad de la ética. Lo serio está relacionado con lo real, con la responsabilidad, con la dignidad y el decoro (1). Lo serio, en fin, “… es sustraer las acciones a la ola insustancial de frivolidad ligera”.

En temas de la vida y de la muerte, del dominio sobre las aplicaciones tecno-científicas, de las normas jurídicas que contradicen a la justicia, del respeto a la vida humana en las condiciones máximas de fragilidad, no cabe la torpeza. No nos podemos equivocar cuando conocemos lo sucedido en el juicio de Nuremberg, sus antecedentes y las actuales expresiones de la misma ideología que entonces fue sancionada y reprobada.

Cabe aquí recordar que entre las grandes exigencias de la disciplina de la bioética, desde su inicio como tal, se halla la cualidad de la interdisciplinariedad: abogados, teólogos, médicos, políticos, legisladores, filósofos, comunicadores sociales, técnicos de diversas áreas. Cada uno de estos especialistas tiene elementos para aportar en el proceso de análisis de las reales y muy complejas situaciones en que nos encontramos actualmente, de la mano de las más insólitas y novedosas aplicaciones de la tecno-ciencia. Para que efectivamente tenga lugar este diálogo de interdisciplinariedad se exige una alta vocación de comprensión, de acercamiento. Por supuesto, de seriedad e idoneidad.

Con mucha razón los clásicos hacían énfasis acerca de la diferencia entre “doxa” –opinión- y “episteme” -conocimiento-. El acertado juicio y la valoración ética deben aproximarse, en lo posible y reconociendo las propias limitaciones de un método riguroso que tiene que afrontar problemas muy difíciles por sus múltiples facetas, a la realidad. Por ello, la idoneidad de quienes se desempeñan en el área de la ética y la bioética es altamente exigente, incluyendo en ello la voluntad y el esfuerzo constante por hacerse entender y por captar las sutilezas de quienes piensan habitualmente como especialistas en otros temas. No podemos olvidar la seriedad de la ética.

1. José Luis del Barco, La seriedad de la ética. Anuario Filosófico 1996 (29), 387-395.

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