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Editorial Agosto 2015

YO CREO PERO NO PRACTICO

Por: Camilo A. Gálvez L.

Y es verdad! En los más variados ambientes (tanto públicos como privados) nos encontramos con esta “actualización” o más bien “evolución” en la forma de vivir la Fe. La humanidad , en un numero bien considerable, tiene el vicio de adecuar su mentalidad a los trastornos morales y éticos que se viven en la sociedad. Hay una especie de epidemia espiritual que va minando el interior del hombre hasta que termina por devastarlo y entregarlo a la infelicidad. Es una manera de vivir la existencia llena de contrasentido. Muchos dicen “pero es que no tengo fuerzas para perseverar en el buen camino…” y de alguna manera es verdad, pues solo Dios con su gracia puede darnos la posibilidad de optar por el camino del bien y perseverar en él. Otros juzgan que “eso de ser buenos es para los que no saben vivir!” acreditando que la vida se hizo solo para entregarse al gozo desmesurado de las creaturas olvidándose de la existencia de Dios y la gratitud que le debemos por el “simple” hecho de permitirnos el ser.

Es bueno que podamos hacer una pausa en estos momentos y meditar (interiorizar en “modo avión” y sin “conexión de datos”) en nuestro silencio interior, sobre la posibilidad tan bella que tenemos de abrir nuestro corazón a Dios para que Él pueda transformarnos y llevarnos por el camino de la verdadera felicidad, la virtud.

Este camino no es fácil, claro está, pero tampoco es imposible. 

Muchas veces nos veremos en el suelo después de un tropiezo espiritual que parece no tener salida… y muchas veces nos entregamos “en las manos” de la angustia acreditando que Dios se olvidó de nosotros (y ahí si creemos que Dios existe!). Debemos considerar que el mayor problema que tenemos los seres humanos es el de no querernos levantar y seguir arrastrándonos por la vía estrecha y pútrida del fracaso. Dios siempre está vigilante a nuestro lado para levantarnos y conducirnos (con energías renovadas) por el camino que tiene dispuesto para nuestra salvación. Aquí está el secreto.

Si no tengo confianza en esta ayuda permanente de Dios, como puedo decir “creo y practico”? y es que practicar no se refiere solo al cumplimiento cabal y amoroso de los mandamientos divinos. Si fuera solo eso, somos todos los que podemos considerarnos fuera de este “yo practico”… y a este punto quería llegar dentro de nuestra reflexión; es imprescindible que nuestra vida adquiera el hábito de querer ser perdonado y de ser inundado por la misericordia divina. Es un deber de “amor a sí mismo” mantener esta esperanza renovadora del perdón que nunca se agota.

En un mundo invadido por el relativismo, la “cultura” de lo desechable y el hedonismo, es necesario enarbolar el estandarte de la esperanza para que el hombre vuelva a creer en su posibilidad de ser mejor como creyente y de ser perdonado. Si queremos cambios sociales auténticos y perdurables, debemos convencernos de que la vida también nos presenta la posibilidad de contemplar nuestras limitaciones y fracasos y que la belleza está en sobreponernos a ellos con humildad y fe. Así podremos decir con plena convicción “yo creo y practico”.

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